SAL DE TU ZONA DE CONFORT

Cuando escuchamos “salir de la zona de confort” podemos imaginar diversos escenarios como cambiar la ciudad donde vivimos, un nuevo trabajo, nuevos retos, etcétera. Lo más probable es que las primeras emociones en llegar sean el miedo, la inseguridad, duda o incertidumbre. Salir de lo que nos es familiar incomoda puesto que lo conocido nos otorga seguridad, certeza y certidumbre mientras que algo fuera de ello significa movernos en terrenos desconocidos.

A partir de lo anterior surgen interrogantes como ¿qué son y cuándo se volvieron terrenos conocidos? (puesto que en algún momento también debieron ser desconocidos).

Entonces, ¿qué es realmente familiar? Analicemos por un momento nuestra historia de vida.

De niños somos aventureros, exploradores, fluimos con la vida y con las emociones, si algo nos llama la atención vamos a investigar qué es, si queremos hacer algo, lo hacemos, si queremos hablar con alguien, también, y todo esto lo realizamos sin expectativas y sin pensamientos limitantes como algunos de los que tenemos ahora.

Estos pensamientos también son conocidos como: creencias limitantes o distorsiones cognitivas.

Algunos ejemplos son:

  • Todo me sale mal
  • Siempre me pasa lo mismo
  • Es típico que me pasen estas cosas
  • Soy la oveja negra de la familia
  • ¿Y si no funciona? ¿Y si no lo logro? ¿Y si me rompe el corazón?
  • Todos me hacen lo mismo

Te invitamos a que completes las siguientes frases con las distorsiones cognitivas que identificas frecuentemente en tu pensamiento:

  • Por mi culpa ___________
  • ¿Y si __________________?
  • Siempre ______________
  • Nunca ________________
  • Todos __________________
  • Es típico que me ____________

Estas limitaciones fueron aprendidas en algún punto de nuestras vidas y cuando recordamos lo que ciertas situaciones incómodas nos hicieron sentir, es tan difícil que para no volver a sentirlo creamos mecanismos de defensa. De alguna manera estas creencias limitantes sirven para “evitar” sentir cosas tales como abandono, rechazo, no ser suficientemente bueno, no ser capaz, entre otras.

Acumular estos mecanismos de defensa es un acto de supervivencia de nuestra psique, es el instinto de conservación en su expresión más pura. Al mismo tiempo, estas distorsiones cognitivas nos mantienen en la rutina, en lo monótono, en lo repetitivo y esto funge como una jaula mental que nos mantiene a salvo pero no nos permite vivir ni aprender cosas nuevas.

Es irónico que cada vez que reactivamos esa creencia, además de reafirmarla, sentimos un poquito de esa emoción que estamos tratando de evitar a toda costa.

Veamos un ejemplo:
Imaginemos que de pequeño te animas a acercarte en el colegio a una niña que llamó tu atención, crean juegos juntos y se convierte en tu mejor amiga. Le entregas tu amor, tu tiempo, la invitas a tu casa y viven aventuras increíbles.

Un día, esta amiga te da la noticia de que se va a vivir fuera del país y así, sin más ni más, la dejas de ver.

Sientes tristeza, abandono y se crea tu primera creencia limitante que dice: “No soy suficientemente buen amigo como para que ella se quedara”.

Y este sello se queda en tu mente: “No soy suficientemente bueno”.

Pasan 20 años y te das cuenta de que “todas tus amigos se van a vivir lejos”. Tienes un amigo con quien te relacionas desde hace muchos años y vive en la misma zona que tú pero un día te das cuenta de que no te valora, te critica y lastima pero como no eres lo suficientemente bueno, interiorizas que eso es lo que mereces e incluso saboteas oportunidades de conocer nuevas amistades por miedo a que te abandonen y se vayan lejos.

Si deseas conocer más información acerca de las heridas de la infancia y cómo sanar a tu niño interior puedes leer el siguiente artículo: Sanando a mi niño interior

¿Vale la pena quedarnos en esa jaula por miedo?

 El miedo a entrar en terrenos desconocidos es normal pero romper ese cascarón de limitaciones y salir de la zona de confort nos permitirá actuar con firmeza, determinación y darnos cuenta de que arriesgarse puede generar incertidumbre pero también traer grandes recompensas y un mundo de posibilidades.

Este camino comienza aprendiendo a identificar cuál es nuestra zona de confort, cómo nos sentimos en ella y si hay cosas a las que nos gustaría atrever, tomando en cuenta que quizá no salga como esperamos pero que también puede suceder todo lo contrario y la vida nos puede sorprender.

Psic.Caro Cortés
Psicóloga en Cuidadosamente

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