RELATO DE UNA PACIENTE CON DEPRESIÓN Y ANSIEDAD.

CuidadosaMENTE

A. Zero es una paciente de 24 años de edad, que padece trastorno de Ansiedad con ataques de pánico, depresión y síntomas de hipocondría. De manera voluntaria decide abrirse por completo en nuestro Blog para compartir sus emociones y sentimientos con el mundo.
¿Qué sentirán mis padres al enterarse 
que su hija
tiene una mente defectuosa?

Siempre decían lo orgullosos que estaban de mí. Tenía que ser fuerte, tenía que serlo para que ellos no se decepcionaran. Tenía que sacar buenas calificaciones, así que me esforzaba para complacerlos. Tenía que ser feliz, porque nadie quiere a una niña triste y llorona.

Sin darme cuenta escondí mis emociones, callaba mis pensamientos, bloqueaba mi voz solo porque no quería fallar. No quería defraudarlos, no quería defraudarme. Si estudias mucho, si eres amable, gentil, cariñosa, respetuosa y trabajadora lograrás muchos frutos en tu vida.

¿Adivinen qué? Intenté ser todo eso, intente ser buena amiga, buena hija, buena persona. Ponía a todos por encima de mí, sus sentimientos y estado anímico eran mi prioridad, incluso más que la mía.

Me convertí en una mediadora de los problemas en casa, el cofre de secretos de mis amigos y una alumna ejemplar en la escuela, pero para mí yo no era nada. Nadie me preguntaba cómo me sentía porque siempre trataba de llevar una sonrisa en el rostro, pero ¿eso estaba bien, no?

¡Ja! si claro, yo sabía que no estaba bien, pero eso era lo único que aprendí que estaba bien, así que lo que hice fue aferrarme a eso que aprendí y no a lo que sentía.

Siempre quise que mi voz fuera escuchada, pero nadie la oye. Y ahora tengo miedo de que nadie pueda oírla, porque tengo miedo de perder mi voz. Si con ella nadie me escucha ¿qué será de mí si la llego a perder? ¿Me olvidarán? ¿Me olvidaré de mi misma

No quiero perderla, no ahora que trato de salir adelante, pero siempre que avanzo, siento que la vida me hace retroceder poniéndome otro miedo nuevo. Se derrumba todo lo que pude construir.

Realmente deseo volver a ser aquella persona que tenía su pecho lleno de sueños y esperanzas, pero ahora no hay más que sueños marchitos, desilusiones y desesperanza hacia la vida dentro de este cuerpo que poco a poco se va colapsando. Y por más que intento pararlo, no puedo.

¿Así va a ser toda mi vida? No quiero que sea así. Pero sé que si empiezo a ilusionarme, otro miedo aparecerá y se llevará todo. Desarrolle miedo al miedo, Desarrolle miedo a vivir.

Por eso quiero rendirme, pero una parte de mi no quiere rendirse. Quiero ser feliz y aprender a vivir. Esa parte de mí desea ser libre. Porque a pesar de todo, yo también deseo vivir, lo deseo con tantas ganas…

¿Comó salgo de esto? A todos los que sufrimos en silencio, ¿qué nos queda esperar?

Me encantaría poder decir que hay una fórmula mágica para curarnos, pero la verdad es que no la hay. Y también es ilógico pensar que de haberla, está será universal. Algo que aprendí es que si bien hay métodos que “curan” y exorcizan a los demonios, estos no funcionan para todos, cada uno debe buscar su fórmula, porque si la razón de la existencia de estos demonios son diversas, también lo son sus anestesias.

Hablen, si su demonio se alimenta de su mudez. Rían, si ese monstruo se fortalece con su tristeza. Lloren si esa bestia impide que muestren sus sentimientos utilizando el miedo como su mejor arma, pero sobre todo, luchen. Luchemos por recuperar todo aquello que perdimos y que de cierta manera creíamos destruido para siempre. Cambiemos el significado de dolor y desesperanza y transformémoslo en una oración que demuestre felicidad y esperanzas.