Hay mañanas en las que suena la alarma y en cuestión de segundos, tu cabeza ya está haciendo una lista de todo lo que tienes que hacer. Revisar el celular, contestar mensajes, correr para llegar a tiempo, pensar en pendientes… y cuando te das cuenta, el día ya empezó a toda velocidad.
Por ello, esta meditación para arrancar el día con calma está pensada justo para darte un pequeño respiro antes de llenarte con miles de cosas. Puedes hacerla al despertar, todavía en la cama, mientras te preparas para salir o en cualquier momento de la mañana en el que necesites bajar un poco el ritmo.
¿En qué nos ayuda empezar con tranquilidad?
Cuando despertamos con la mente acelerada, es muy fácil pasar directamente de “estoy despertando” a “tengo mil cosas que hacer”. Una respiración profunda, unos minutos de silencio o simplemente poner atención en cómo se siente tu cuerpo pueden ayudarte a hacer esa transición con más tranquilidad.
También puede ayudarte a identificar cómo llegas a ese nuevo día. ¿Estás cansado? ¿Tienes la mente llena? ¿Estás preocupado por algo? ¿Te sientes tranquilo? Reconocerlo ya es una forma de escucharte.
¿Qué nos quita esa calma?
Hay cosas muy pequeñas que pueden hacer que nuestra mañana empiece en automático. Agarrar el celular en cuanto abrimos los ojos, revisar redes, leer noticias, contestar mensajes o pensar en todo lo que falta por hacer.
Cuando lo primero que recibes del día son pendientes, notificaciones y estímulos, tu atención se va hacia afuera rapidísimo. Antes de darte cuenta, ya estás reaccionando a lo que está pasando alrededor.
También influye la forma en la que nos hablamos. Pensar “ya voy tarde”, “tengo demasiado que hacer” o “hoy va a estar pesadísimo” puede aumentar la sensación de prisa desde temprano.
Por eso, hacer una pausa puede ser un pequeño cambio con mucho sentido. Puedes dejar el celular unos minutos, sentarte cómodamente, cerrar los ojos y respirar. No tienes que hacerlo perfecto. Solo necesitas darte ese espacio.
Esta meditación para arrancar el día con calma puede convertirse en esos minutos que separan el momento en el que despiertas del momento en el que empiezas a correr con todo lo demás
Solo tú, unos minutos y un poquito de calma antes de empezar con todo lo demás.