Cómo vivir el duelo cuando la vida que conocías ya no existe

“Ya pasó”, “échale ganas”, “tienes que ser fuerte”, “ya tienes un ángel que te cuida”. Estas son algunas de las muchas frases que escuché cuando comenzaba mi proceso. Hoy entiendo que hay pérdidas que cambian para siempre la manera en la que vivimos y vemos la vida.

Vivir el duelo no significa superar la pérdida ni olvidarla. Significa aprender, poco a poco, a convivir con la ausencia sin que esta nos quite la capacidad de seguir viviendo. No hay plazos fijos ni etapas obligatorias, y pedir acompañamiento es parte del proceso, no una señal de debilidad.

¿Qué pérdidas pueden provocar un duelo?

La muerte de un ser querido, un divorcio, la pérdida del trabajo o de la libertad. Cualquiera de estas pérdidas nos lleva a cuestionar absolutamente toda nuestra existencia y a hacernos una pregunta incómoda y dolorosa: ¿cómo se sigue viviendo cuando la vida que conocíamos ya no existe?

Gaby Pérez Islas, desde un enfoque tanatológico, ha trabajado ampliamente la idea de que las pérdidas forman parte inevitable de la experiencia humana. En su libro Cómo curar un corazón roto aborda no solo la muerte, sino también separaciones, divorcios, pérdidas laborales, cambios y enfermedades que generan duelo. Pone especial atención en enfrentar la tristeza para comenzar un proceso de sanación y crecimiento.

¿Cómo se siente vivir un duelo?

Vivir un duelo es como si hubiera pasado un terremoto de magnitud 8.5 que destruye la mayor parte de nosotros. Es tener que observar los escombros y ver qué queda para empezar a relacionarnos con una realidad que no elegimos y que no sabemos por dónde comenzar a reconstruir.

Los primeros días, incluso me atrevo a decir los primeros meses, consisten en aprender a sobrevivir y continuar sin comprender del todo lo que está pasando, mientras poco a poco vamos entendiendo que es verdad.

¿El duelo se supera?

Sería una falta de respeto, para quienes atravesamos un proceso como el duelo, que nos digan que lo vamos a superar. El duelo no se supera: se aprende a vivir con la ausencia, sin que esa ausencia nos quite ni destruya nuestra capacidad de seguir viviendo.

¿Qué son las etapas del duelo de Kübler-Ross?

Elisabeth Kübler-Ross fue pionera en el estudio de la muerte y los procesos de morir. En 1969, a partir de su trabajo con personas que enfrentaban una enfermedad terminal, describió cinco respuestas frecuentes ante la pérdida: negación, ira, negociación, depresión y aceptación. Con el tiempo, su modelo se extendió a otros tipos de duelo y ayudó a muchas personas a ponerle palabras a experiencias emocionales que parecían incomprensibles.

¿El duelo es lineal?

No, y es importante aclararlo. Estas etapas no siguen un orden fijo y no todas las personas pasan por ellas. Podemos sentir una profunda tristeza por la mañana y, en la noche, la aceptación de que esto sí está sucediendo. Podemos pasar semanas realmente tranquilos y, de repente, tener un día particularmente difícil. Esto es completamente normal, porque el duelo no es lineal.

La American Psychological Association (APA) lo respalda en su guía sobre cómo afrontar la pérdida de un ser querido: las investigaciones sugieren que la mayoría de las personas no atraviesa las etapas como pasos progresivos y que no existe un periodo “normal” para vivir el duelo.

persona con las emociones a flor de piel  por vivir el duelo

¿Qué emociones son normales en el duelo?

Según la definición de duelo de la APA, el duelo suele incluir malestar físico, ansiedad de separación, confusión, añoranza, pensamientos recurrentes sobre el pasado y preocupación por el futuro.

Llorar, sentir enojo, miedo o culpa, extrañar profundamente a alguien o algo, sentir un gran vacío: todas estas son emociones y sensaciones que forman parte del duelo. No significan que lo estés haciendo mal.

¿Por dónde empezar cuando estás en duelo?

A veces intentamos ser “fuertes” demasiado pronto, cuando lo único que podemos hacer ante lo que está sucediendo es intentar sobrevivir y continuar. Negar el dolor no hace que desaparezca; al contrario, las emociones toman más fuerza.

Desde mi experiencia, la mejor forma de iniciar es hablar, escribir y sentir todo lo que ese terremoto derrumbó, y reconocer lo que está sucediendo.

Aceptar que algo ocurrió no significa estar de acuerdo. Significa dejar de luchar contra una realidad que ya sucedió y comenzar a preguntarnos qué necesitamos hacer con ella.

Si buscas herramientas concretas para este momento, en nuestro artículo sobre cómo sanar un duelo encontrarás más ideas para acompañarte en el proceso.

¿Qué necesita de mí este dolor?

El dolor necesita ser escuchado y vivido antes de poder transformarse. Sanar también implica reconstruir la vida, y para ello a veces basta con hacernos preguntas que parecen sencillas, pero que muy pocas veces nos hacemos a conciencia. Por ejemplo: ¿qué necesita de mí este dolor? Quizá necesita:

  • Descanso
  • Ser expresado
  • Compañía

¿Por qué duelen las frases bien intencionadas?

Con el tiempo me di cuenta de que a las personas nos cuesta mucho hablar de nuestras emociones, ya sea por el tabú, por la vulnerabilidad que implica o porque resulta incómodo. Por eso, la vulnerabilidad y las emociones de los demás también nos incomodan y no sabemos qué decir ni cómo reaccionar.

Un profesor decía: “cuídate de los bien intencionados”. No porque fueran malas personas, sino porque frases como “sé fuerte”, “vas a estar bien” o “ya suelta” generan en quien vive el duelo una sensación de minimización y confusión entre lo que realmente siente y lo que los demás dicen que debería sentir.

Acompañar suele ser más sencillo de lo que creemos: estar presente, escuchar sin corregir y decir “aquí estoy” ayuda más que cualquier consejo.

¿Cuáles son las tareas del duelo según William Worden?

El psicólogo J. William Worden planteó una manera distinta de mirar el duelo. En lugar de hablar únicamente de etapas, propuso una serie de tareas que las personas en duelo pueden ir realizando durante su proceso de adaptación a la pérdida:

  • Aceptar la realidad de la pérdida.
  • Trabajar las emociones asociadas al duelo.
  • Adaptarse a un mundo en el que la persona, o aquello que se perdió, ya no está.
  • Encontrar una manera de mantener un vínculo interno con lo que se perdió mientras se continúa con la propia vida.

Esta perspectiva resulta valiosa porque no obliga a la persona a “superar” la pérdida, sino a aprender a vivir con la ausencia. Hay una diferencia enorme entre olvidar y continuar. Podemos seguir adelante y seguir amando, sonreír sin “traicionar” a quien ya no está, volver a sentir ilusión y, al mismo tiempo, conservar un lugar para la persona o aquello que perdimos.

¿Cómo mantener el vínculo con lo que se perdió?

Uno de los grandes desafíos del duelo es encontrar una nueva forma de relacionarnos con lo que se perdió y con su recuerdo. Es entender que la relación con alguien puede cambiar sin desaparecer: la persona, o aquello que perdimos, ya no está físicamente, pero la historia, las vivencias, las enseñanzas y los recuerdos permanecen en nosotros.

¿Cuánto tiempo dura un duelo?

No existe una fórmula mágica ni una respuesta única y correcta sobre cómo transitar un duelo, y por eso tampoco existe un tiempo establecido para vivirlo. La APA señala que puede tomar meses o un año llegar a aceptar una pérdida, pero insiste en que no hay un periodo “normal”. Más que una fecha de término, el objetivo es recuperar nuestra capacidad de vivir y disfrutar lo que aún está y existe.

¿Cuándo pedir ayuda profesional en un duelo?

Pedir ayuda también es una forma de sanar. El duelo viene a mover todo, y eso implica encontrar nuevas formas de vivir, trabajar con humildad y pedir ayuda cuando las emociones y sensaciones ya están interfiriendo en la vida cotidiana. Es reconocer que algunas heridas necesitan ser acompañadas, y eso no significa debilidad ni que no podamos solos.

Algunas señales de que conviene buscar acompañamiento psicológico en línea o presencial son: sentir que pasa el tiempo y el dolor no cambia de intensidad, no poder retomar actividades básicas como dormir, comer o trabajar, o aislarte por completo de las personas que te quieren. Si en algún momento aparecen pensamientos de no querer vivir, busca ayuda de inmediato con un profesional o con los servicios de emergencia de tu país.

Si nunca has ido a terapia, te puede servir leer qué esperar de tu primera sesión de terapia.

La vida después de una pérdida

Después de la pérdida no vamos a volver a ser las personas que éramos antes, porque eso ya cambió. El duelo nos transforma, y eso implica construir una nueva versión de nuestra vida, donde exista espacio para lo que ocurrió y para lo que ahora puede ocurrir. Y, poco a poco, volver a descubrir que incluso después de una pérdida profunda, la vida todavía puede tener momentos de sentido, de amor y de esperanza.

Preguntas frecuentes sobre el duelo

¿Cuáles son las 5 etapas del duelo?

Según el modelo de Elisabeth Kübler-Ross son negación, ira, negociación, depresión y aceptación. No son pasos que haya que cumplir en orden: pueden aparecer, repetirse o mezclarse, y algunas personas no viven todas.

¿Cuánto tiempo dura un duelo normal?

No hay un plazo fijo. Para muchas personas la aceptación llega en meses o alrededor de un año, pero cada duelo tiene su propio ritmo. Lo importante no es cuánto tarda, sino si, con el tiempo, vas recuperando la capacidad de vivir tu día a día.

¿Qué no decirle a una persona en duelo?

Conviene evitar frases que minimizan el dolor o le ponen prisa, como “sé fuerte”, “ya pasó” o “tienes que soltar”. Suele ayudar más escuchar, nombrar a la persona o aquello que se perdió y ofrecer compañía concreta.

¿Se puede vivir un duelo sin que alguien haya muerto?

Sí. Un divorcio, una ruptura, perder el trabajo, migrar, una enfermedad o la pérdida de la libertad también generan duelo, porque implican despedirse de una parte de la vida que conocíamos.

¿Cuándo un duelo necesita terapia?

Cuando el dolor interfiere de forma persistente con tu vida cotidiana, te sientes estancado o aparecen pensamientos de no querer vivir. Buscar acompañamiento profesional no acelera el duelo a la fuerza, pero ayuda a transitarlo con menos soledad.

Redactado por:
Psic. Ana Gordillo | Psicóloga clínica en CuidadosaMENTE

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