¿Te has preguntado si tú o alguien cercano a ti se encuentra en una relación donde experimenta violencia emocional? En este artículo quiero compartirte claves para reflexionar sobre ella y algunas señales de violencia emocional que te permitan identificarla, aun cuando no sean tan evidentes como un golpe o un grito.
¿Por qué cuesta tanto reconocer la violencia emocional?
Cuando hablamos de violencia, es una palabra que en primera instancia, nos puede sonar muy fuerte, ya que se nos viene a la mente la imagen de agresiones físicas.
Si estamos percibiendo que algo no va bien en nuestras relaciones, esto nos puede generar cierta barrera que nos dificulte poder hablar, reflexionar e identificar otros tipos de agresión que son más sutiles y menos “visibles” que la violencia física. Es difícil pensar que es algo que nosotros estamos viviendo.
Sin embargo, es importante que consideremos que todavía es muy común que existan formas de relacionarnos con patrones de violencia emocional en nuestra sociedad y en nuestros círculos más cercanos.
Una muestra de ello es que, en México, el 51.6 % de las mujeres de 15 años y más ha vivido violencia psicológica a lo largo de su vida, según la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) 2021 del INEGI. Fue el tipo de violencia con mayor prevalencia en esa medición. Podemos pensar que este alto porcentaje implica que es un tipo de agresión que se encuentra todavía muy normalizada e insertada dentro de nuestras relaciones.
¿Qué es la violencia emocional? Una mirada desde la dignidad personal
La violencia emocional, también llamada violencia psicológica, es una forma de agresión que no deja marcas visibles en el cuerpo pero sí en la manera en que una persona se percibe a sí misma. Para comprenderla, me parece útil partir de una idea central: la dignidad.
Cada persona, independientemente de su edad, género, raza, lengua, condición física, cognitiva, social, profesional y económica, es poseedora de una dignidad altísima y de diversos derechos.
Esta dignidad se expresa de una manera más concreta en que cada persona es alguien único e irrepetible. No existe alguien igual a nosotros y, por ende, todos experimentamos de manera única la vida, las situaciones, las emociones, los pensamientos y las decisiones.
El reconocer esa dignidad a través de todas las acciones es un factor clave para establecer relaciones respetuosas e igualitarias.
Por el contrario, podemos decir que la esencia de la violencia consiste en no reconocer esa dignidad y valor que tiene cada ser humano. De manera específica, la violencia emocional implica no reconocer ni respetar las emociones, pensamientos, creencias y decisiones de las personas según su etapa y condición de vida.
¿Cómo se manifiesta la violencia emocional en relaciones de autoridad?
Existen relaciones de legítima autoridad, como lo son papás e hijos, profesor y alumno, jefe y empleado. Esta autoridad no concede por ningún motivo el derecho de maltratar al otro. Lo que sí concede es un grado mayor de responsabilidad en las relaciones y en la toma de decisiones.
En los niños y adolescentes, por ejemplo, es bastante común que, por su nivel de desarrollo y madurez, quieran cosas que, en determinadas circunstancias y proporciones, no les aporten en su crecimiento y, por el contrario, les puedan generar un daño en sus vidas. En estas situaciones, los adultos somos responsables de guiar y orientar la toma de decisiones. El decir no también es amar al otro.
Algo similar puede ocurrir con un jefe, que puede considerar las opiniones de su equipo de trabajo, pero es quien termina teniendo una mayor responsabilidad en las decisiones y en las consecuencias que estas tienen.
En este sentido, la autoridad en sí misma no es un factor de violencia, ya que existen diferentes tipos de relaciones e instancias en las que conviene mucho que haya un buen uso de la autoridad.
El problema se genera en cómo se ejerce esa autoridad y en el tipo de relación que se establece con las demás personas. Si esa autoridad me hace ver al otro como inferior desde el punto de vista de su dignidad, entonces la violencia se avecina.
La violencia emocional en las relaciones de autoridad aparece cuando hay un abuso de esa autoridad y se piensa, de manera errónea, que esta confiere la autorización, “porque soy tu papá” o “porque soy tu jefe”, de decirte las cosas como a mí me parezca, sin considerar las consecuencias y el daño que esto pueda generar.
¿Qué es la violencia emocional en la pareja?
En las relaciones de pareja, de amigos o de compañeros, la situación es diferente porque estamos ante relaciones que comparten condiciones o situaciones de vida similares. Ya el mismo término de pareja nos va indicando una expectativa de que esa relación sea pareja o equitativa.
Por esta misma condición de par, puede ser más difícil identificar la violencia emocional. Sin embargo, los ejemplos anteriores sobre las relaciones de legítima autoridad ayudan bastante a esclarecer cómo funciona en relaciones que se espera que sean igualitarias.
En estas relaciones, uno de los miembros asume una posición de superioridad hacia la otra persona. Esta actitud se puede arraigar en alguien por cuestiones de educación, crianza, género o heridas emocionales, entre otras.
Esta dominancia o poder no se ejerce desde la fuerza física, sino de manera psicológica y emocional, lo cual termina invalidando los pensamientos, emociones y decisiones de la otra persona. Esta violencia puede presentarse en diferentes grados y niveles, desde no tomar en cuenta lo que una persona siente o piensa hasta restringir su autonomía personal.

6 señales de violencia emocional que puedes identificar
Con los elementos que hemos reflexionado, considero que hay más posibilidades de reconocer cómo es la violencia emocional en el día a día, sentir sus señales, nombrarlas y, asimismo, buscar cambiarlas, erradicarlas y poner límites ante ellas.
1. Se invalidan tus emociones y pensamientos
Es una actitud de no tomar en cuenta lo que sientes y piensas, con frases como “exageras”, “no es para tanto” o “ya vas a empezar con tus cosas”. Esto genera un sentimiento de culpa, no solo por lo que está pasando, sino por la manera en que tú percibes las cosas, y se traduce en un pensamiento de “yo estoy mal por sentirme así”.
2. Se niega o distorsiona la realidad
Al no tomar en cuenta lo que piensas y sientes, la otra persona busca acomodar y ajustar la realidad a su propia perspectiva, como si esta fuera la única válida y suficientemente razonable dentro de la conversación. Frases como “eso nunca pasó”, “te lo estás imaginando” o actitudes que congelan o desvían aquello que quieres expresar terminan construyendo una versión confusa y distorsionada de lo que está ocurriendo en la relación. A este patrón se le conoce popularmente como luz de gas o gaslighting.
3. Manipulación y chantaje
La manipulación consiste en tratar a la otra persona como un medio para alcanzar lo que quiero y necesito, dejando de verla como alguien que tiene derecho a decidir, pensar y sentir por sí misma. Se presenta principalmente con actitudes de chantaje, reproches y amenazas que llevan a presionar al otro para que cambie su punto de vista y sus decisiones hacia una dirección determinada.
4. Burlas y humillaciones
Las burlas y humillaciones pueden ir desde situaciones muy sutiles, como “chistes” o “dichos”, hasta agresiones muy directas y fuertes hacia la persona. Representan faltas de respeto en las palabras y acciones, donde se pone en ridículo o se humilla al otro, generando daños psicológicos importantes en la autoestima y la confianza.
5. Control disfrazado de cuidado
Son acciones que buscan restringir la libertad y autonomía de una persona en una relación. En ocasiones se disfrazan de querer proteger o cuidar a la otra persona, pero, al final, no respetan su desarrollo personal.
En una relación existen decisiones que pueden tomarse de manera consensuada, tomando en cuenta el punto de vista de ambos, pero hay muchas otras que son de índole personal y que cada persona tiene el derecho de decidir, como el vestir, comer, trabajar, estudiar o relacionarse con otras personas.
Cuando estos aspectos no se respetan, se está violentando la autonomía y el derecho a decidir.
6. Intimidación y amenazas
Por último, la intimidación es un nivel de violencia emocional muy fuerte que genera temor y pone en alto riesgo la seguridad de una persona. Es una forma muy agresiva de mantener controlado y manipulado a alguien mediante la amenaza de que, si no hace lo que se le pide, habrá consecuencias que pueden ser físicas, pero también sociales o emocionales, como publicar información y contenido sensible acerca de la persona o generar un escándalo.
Si te identificas con esta señal y sientes que tu seguridad está en riesgo, busca apoyo cuanto antes con personas de confianza o con los servicios de emergencia de tu país.
Mirarnos con dignidad: un primer paso para poner límites
Me gustaría cerrar este artículo reflexionando que un paso importante para transformar nuestras relaciones es mirarnos a nosotros mismos y a los demás reconociendo la dignidad personal. La dignidad es esa señal intrínseca que resguarda y protege el valor de toda persona.
Esta mirada personal nos puede ayudar a poner un alto y una reflexión tanto en nuestras acciones hacia los demás como en la manera en que nos tratan los demás.
Justamente, algo que considero que hacemos en la psicoterapia es mirar a quien consulta con un profundo respeto por lo que es, y este tipo de relación y acompañamiento nos puede ayudar a ver nuestra vida y nuestras relaciones de una manera diferente. Si al leer estas señales reconociste algo de tu propia relación, no tienes que resolverlo a solas: un espacio terapéutico puede ser un buen lugar para empezar.
Preguntas frecuentes sobre la violencia emocional
¿Cómo saber si estoy viviendo violencia emocional en mi relación?
Una pista frecuente es que, después de hablar con esa persona, terminas dudando de lo que sientes o de lo que recuerdas, o sientes culpa por expresar algo que te molestó. Si además notas burlas, control sobre tus decisiones personales o miedo a su reacción, es importante tomarlo en serio y hablarlo con alguien de confianza o con un profesional de la salud mental.
¿Cuál es la diferencia entre una discusión de pareja y la violencia emocional?
En una discusión sana, ambas personas pueden expresar su punto de vista, aunque no estén de acuerdo, y se respeta lo que cada una siente. La violencia emocional aparece cuando una de las dos se coloca por encima de la otra: invalida, ridiculiza, controla o amenaza. No se trata de cuántas veces discuten, sino de si se reconoce la dignidad del otro durante el desacuerdo.
¿Qué consecuencias puede dejar la violencia emocional?
Suele afectar la autoestima, la confianza en la propia percepción y la seguridad para tomar decisiones. Con el tiempo, muchas personas se sienten confundidas, culpables o aisladas, y esto puede repercutir en su salud mental y en otras relaciones de su vida.
¿Los hombres también pueden vivir violencia emocional?
Sí. Aunque los datos del INEGI citados en este artículo se refieren a mujeres en México, la violencia emocional puede afectar a cualquier persona, sin importar su género, edad o tipo de relación. Lo que la define no es quién la vive, sino que se deja de reconocer la dignidad y la autonomía del otro.
¿Qué hacer si identifico señales de violencia emocional?
El primer paso es nombrar lo que está pasando, sin minimizarlo. A partir de ahí, ayuda mucho apoyarse en personas de confianza y buscar acompañamiento psicológico para entender el patrón, poner límites y decidir qué hacer con esa relación. Si hay amenazas o sientes que tu seguridad está en riesgo, prioriza tu protección y contacta a los servicios de emergencia de tu país.
Redactado por:
Psic. José Florez | Psicólogo clínico en CuidadosaMENTE