Inteligencia emocional: Qué es y cómo desarrollarla

Lo que realmente importa para el éxito, el carácter, la felicidad y los logros vitales  es un conjunto definido de habilidades sociales, no solo habilidades cognitivas que son medidas por tests convencionales de cociente intelectual

Daniel Goleman

Todos tuvimos un compañero de escuela que sacaba muy buenas calificaciones, era el mejor para matemáticas, tenía memoria fotográfica y siempre estaba en el cuadro de honor. También estaba el compañero que sacaba notas promedio, no destacaba en ninguna materia e incluso le costaban trabajo algunas pero al final siempre se las ingeniaba para pasar. Con el paso de los años, en alguna reunión de ex alumnos te los encuentras y resulta que el que era más exitoso como estudiante tiene un empleo normal e incluso ha pasado por etapas laborales y personales complicadas, mientras que el estudiante promedio ha logrado destacar en su trabajo, se ha convertido en empresario y lleva una vida personal ordenada y feliz. Aunque pueden existir muchos factores que pueden influir en estos casos, la mayoría de las veces la inteligencia emocional va a ser un factor determinante en el desarrollo personal.

¿Qué es la inteligencia emocional?

Existen muchas definiciones de lo que es la Inteligencia emocional, si le preguntamos a la IA qué es, seguramente nos dará una muy buena explicación. Para efectos de este artículo diremos que la Inteligencia emocional es la capacidad que tiene una persona de utilizar sus propias emociones de una manera efectiva.

La inteligencia emocional es una herramienta poderosa que nos ayuda en la vida diaria, en las relaciones con los demás (padres, hermanos, hijos, amigos, compañeros de trabajo, etc…) y en la relación con nosotros mismos.

Incluso podemos destacar que el desarrollo de la inteligencia emocional es uno de los factores que más influyen en nuestra posibilidad de ser felices a lo largo de la vida.

Pero esta no debe ser vista sólo como una cualidad que nos sirve para encontrar un buen empleo o empezar una empresa

¿De dónde surge este concepto?

Desde el surgimiento de la psicología como ciencia, a principios del siglo pasado se han hecho muchos intentos para “medir” la inteligencia humana. En 1912 el psicólogo William Stern acuñó el término cociente intelectual (CI)  para obtener, a partir de las pruebas desarrolladas por el psicólogo Alfred Binet, una puntuación que reflejara la inteligencia de una persona.

Hacia 1950 el psicólogo David Wechsler desarrolló una serie de pruebas estandarizadas en las que el promedio de inteligencia equivalía a un CI de 100 y estar hasta 15 puntos abajo (85) o 15 puntos arriba (115) se consideraba una inteligencia “normal”. 

Como dato curioso acerca de estas pruebas, en la película Forrest Gump se menciona que Forrest tenía un CI de 75, apenas unos puntos por debajo del mínimo de 80 que pedía la escuela para admitirlo.  A Albert Einstein, por su parte, se le suele atribuir un CI de 160, aunque no hay registro de que haya presentado alguna de estas pruebas, así que esa cifra es más una estimación popular que un dato.

En 1983 el psicólogo estadounidense Howard Gardner dio un gran paso al desarrollar su teoría de las Inteligencias múltiples que plantea que todas las personas podemos ser “genios” en distintas áreas. 

Gardner propuso originalmente siete tipos de inteligencia y en la década de 1990 añadió la octava, la naturalista. 

Hoy su modelo incluye estas ocho:

  • Inteligencia lingüística
  • Inteligencia lógico-matemática
  • Inteligencia visoespacial
  • Inteligencia musical
  • Inteligencia corporal y cinestésica
  • Inteligencia intrapersonal
  • Inteligencia interpersonal
  • Inteligencia naturalista

La teoría de las Inteligencias múltiples es un antecedente directo de la inteligencia emocional ya que en ella se destacan tanto la Inteligencia intrapersonal (como me relaciono conmigo mismo, cuáles son mis emociones) y la inteligencia interpersonal (cómo me relaciono con los demás).

¿Cuáles son los componentes de la inteligencia emocional?

El modelo más conocido es el de Daniel Goleman, quien en su libro Inteligencia emocional (1995) organizó el concepto en cinco elementos o pilares.

  • Autoconciencia – Es la habilidad de reconocer (ponerles nombre) y comprender nuestras propias emociones y el impacto que estas tienen en los demás. 
  • Autorregulación – Es el manejo de nuestras emociones, que en algunas ocasiones pueden ser adversas o explosivas. Implica también la capacidad de saber cuándo una emoción será pasajera y cuándo será duradera.
  • Automotivación – La capacidad de enfocar la energía y el entusiasmo hacia metas personales sin depender de la validación externa.
  • Empatía – Es la cualidad que nos permite ver desde la perspectiva de los demás (ponernos en sus zapatos). 
  • Habilidades sociales – La capacidad de interactuar de forma efectiva con los demás, manejar los desacuerdos y fomentar una comunicación clara.
Silueta de una persona con un foco en la mente, ilustrando la inteligencia emocional

¿Cómo desarrollarla?

Mucha gente busca cómo tener inteligencia emocional como si fuera un rasgo que se tiene o no se tiene. En realidad se trata de un conjunto de habilidades que se pueden entrenar. 

No existe una receta mágica ni un manual que nos indique de forma exacta como desarrollar la inteligencia emocional, porque todos somos individuos únicos e irrepetibles. Sin embargo, existen ciertas pautas que nos pueden ayudar a desarrollarla:

1. Aprende a ponerle nombre a tus emociones

En lugar de decir solo “me siento bien” o “me siento mal”, usa términos más precisos como “siento miedo”, “siento frustración”, “estoy sorprendido”o “estoy confundido”.

2. Aprende técnicas de meditación o atención plena (mindfulness) para regular tus emociones

Incluso técnicas sencillas de respiración que pueden ser muy efectivas para evitar tener reacciones explosivas.

3. Aprende a identificar tus detonantes (pueden ser personas o situaciones) y en la medida que puedas procura evitarlos

4.Desarrolla estrategias de comunicación con las que puedas “escuchar” a la otra persona para comprenderlo, en lugar de “oírla” para contestarle

5. Observa el lenguaje no verbal

Presta atención a los gestos, las miradas y el tono de voz de las personas, porque a menudo dicen más que las palabras.

6. Acepta que es válido sentir enojo, pero esto no implica que sea válido agredir o gritarle a otra persona

7. Admite tu propia vulnerabilidad

Las personas que aceptan sus defectos y debilidades, tienden a aceptar a los demás como son.

8. Practica una comunicación en la que predominen el respeto y la asertividad

Es decir, decir de forma clara lo que quieres o necesitas, sin imponerlo ni callarlo.

Si te preguntas cómo mejorar la inteligencia emocional sin abrumarte, empieza por una sola de estas pautas. Por ejemplo, nombra tus emociones al final del día, y practícalo durante unas semanas antes de sumar otra. En esta área los cambios se notan más por la constancia que por la intensidad.

¿La terapia psicológica ayuda a desarrollarla?

Sí. La terapia psicológica es una de las herramientas más efectivas para desarrollar la inteligencia emocional. Nos proporciona un espacio seguro y estructurado para identificar, comprender y regular nuestras emociones de una forma funcional y adaptativa.

Además, permite trabajar con lo que está detrás de las reacciones que más nos cuestan, algo difícil de lograr solo con lecturas o ejercicios por cuenta propia.

Corazón y razón: lo que realmente aporta la inteligencia emocional

Es muy importante comprender que la inteligencia emocional no es lo contrario al CI ni a las inteligencias múltiples. Como señala el psicólogo David Caruso, coautor de una de las pruebas más usadas para medirla:

No es el triunfo del corazón sobre la razón, sino el punto donde ambos se encuentran: la capacidad de que los dos fluyan y se retroalimenten para nuestro propio bien.

Volvamos a nuestra reunión de ex alumnos. Ahora es más fácil comprender por qué el compañero que fue un estudiante promedio ha tenido más éxito que el mejor de la clase. Pero la mayor importancia de la inteligencia emocional no está en alcanzar el éxito, sino en que es una de las mejores herramientas que tenemos para ser felices.

Preguntas frecuentes sobre inteligencia emocional

¿La inteligencia emocional se nace o se hace?

Las dos cosas. Cada persona trae cierta facilidad de origen para manejar sus emociones pero el entorno, las experiencias y la práctica la moldean a lo largo de la vida. Por eso se considera una capacidad que se puede aprender y fortalecer con práctica constante.

¿Cuál es la diferencia entre inteligencia emocional y coeficiente intelectual?

El coeficiente o cociente intelectual (CI) mide habilidades cognitivas como el razonamiento lógico, la memoria o la comprensión verbal. La inteligencia emocional se refiere a cómo reconoces, entiendes y manejas tus emociones y las de los demás. No compiten entre sí: una persona puede tener un CI alto y dificultades para regular su enojo, o al revés, y en la vida diaria ambas se complementan.

¿Se puede medir la inteligencia emocional?

Sí, aunque con más limitaciones que el CI. Existen pruebas que la evalúan como habilidad, como el MSCEIT, creado por Mayer, Salovey y Caruso, y cuestionarios de autoinforme, como el EQ-i de Reuven Bar-On, en los que la persona valora sus propias capacidades. Los test rápidos que circulan en línea sirven para reflexionar, pero no tienen valor diagnóstico.

¿Cómo saber si tengo baja inteligencia emocional?

Algunas señales frecuentes son reaccionar de forma explosiva y arrepentirte después, tener dificultad para explicar qué sientes más allá de “bien” o “mal”, sentir que los demás siempre exageran o malinterpretan lo que dices, y que los mismos conflictos se repitan con distintas personas. Reconocerte en alguna de estas situaciones no es un diagnóstico, pero sí una buena pista sobre qué habilidad empezar a trabajar.

¿Cómo mejorar la inteligencia emocional en el trabajo?

Empieza por observar qué situaciones laborales te generan más tensión, como las críticas, los plazos ajustados o ciertas reuniones, y cómo reaccionas ante ellas. Darte unos segundos antes de responder un mensaje que te molestó, escuchar sin interrumpir y pedir retroalimentación concreta son formas sencillas de aplicar la autorregulación y la empatía en el día a día laboral.

Redactado por:
Psic. Bernardo Polidura | Psicólogo clínico en CuidadosaMENTE


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