¿Has pensado que tus logros se deben a la suerte? ¿Te es difícil recibir halagos, minimizas tu esfuerzo y trabajo? ¿O incluso has sentido que estás engañando a los demás? Posiblemente has experimentado el síndrome del impostor, un conjunto de pensamientos y sensaciones que hacen creer que no mereces tus logros.
En este artículo veremos qué es el síndrome del impostor, cuáles son sus síntomas más comunes, por qué aparece y cómo manejarlo.
¿Qué es el síndrome del impostor?
El síndrome del impostor es un término acuñado por las psicólogas Suzanne Imes y Pauline Rose Clance en 1978. Nació gracias a una investigación en la que entrevistaron a 150 mujeres con altos cargos en su trabajo y encontraron que muchas de ellas creían que había una exageración en sus logros, o los atribuían a factores externos como la suerte (Clance & Imes, 1978).
De hecho, aunque también se ha comprobado que lo experimentan los hombres, suele ser más prevalente en las mujeres.
Se puede definir como una distorsión cognitiva que genera una autoevaluación negativa, en la que es difícil sentir el merecimiento del éxito o el reconocimiento.
Se ha encontrado que personas con un alto nivel de estudios o con puestos laborales de responsabilidad tienen mayor tendencia a experimentarlo, dudando de sus capacidades, habilidades e inteligencia, a pesar de contar con hechos que demuestran su competencia.
Una investigación reciente encontró en estudiantes universitarios que el uso inadecuado de la inteligencia artificial (IA) utilizándola como reemplazo del propio proceso de aprendizaje, se asocia con el síndrome del impostor, al percibir sus logros como ilegítimos. Sin embargo, cuando IA se usa como un soporte en las tareas, , aumenta la sensación de propiedad sobre el trabajo y no se asocia con el síndrome del impostor (Batista-Toledo & Gavilan, 2026).
Este patrón de pensamiento no constituye un trastorno psicológico. No aparece en el DSM-5 ni en la CIE-11 (los manuales de diagnóstico de trastornos mentales), por lo que se trata de un patrón de cogniciones y sensaciones, que aun así, pueden aumentar el riesgo de presentar otras condiciones clínicas.
Para entender cómo es el síndrome del impostor en la práctica, conviene mirar sus señales más frecuentes.
¿Qué tan común es el síndrome del impostor?
Un estudio encontró que el 70% de las personas a nivel global se han identificado al menos una vez con este síndrome (Sakulku & Alexander, 2011).
De hecho, otra investigación evaluó a mujeres residentes en Argentina, Chile, Colombia, México y Perú y encontró que el 75% presentó el síndrome, el 70% tuvo niveles elevados de ansiedad, el 50% de insomnio y el 36% de depresión. Entre los principales predictores estuvieron ser investigadora o tener un puesto directivo y tener hijos (Martínez-Moreno, 2026).
¿Cuáles son los síntomas del síndrome del impostor?
Cada persona puede experimentar el síndrome del impostor de forma diferente. Algunas de las señales que lo indican pueden ser:
- Perfeccionismo: sentir que si no te exiges mucho no lograrás realizar un buen trabajo, o ponerte metas muy altas que son difíciles de conseguir. Dificultad para descansar, sacrificando tu bienestar por trabajar más.
- Inseguridad: atribuir tus logros a factores externos y no a tus propias capacidades, incluso poniendo en duda tu valía como persona.
- Aislamiento: dificultad para expresar cómo te sientes, con una tendencia a aislarte por miedo a que alguien descubra que no lo hiciste lo suficientemente bien, o incluso sentir que no eres suficiente.
- Procrastinación: ciclo de evitar avanzar hacia tus metas o intentar cosas nuevas por miedo al fracaso.
- Autocrítica constante: tendencia a darle más espacio a los errores y a minimizar los logros.
- Culpa: sentir que engañas a los demás.
- Necesidad de aprobación: tener la sensación de no merecer el amor o no sentirte digno de él, buscando aprobación constante.
- Comparación constante: medirte todo el tiempo con los demás.
- Ansiedad: sentirla ante el ciclo de esfuerzo excesivo para demostrar tu valía y el miedo a equivocarte.
- Miedo al éxito: porque genera expectativas más altas y, por ende, más presión y exigencia.
El síndrome del impostor genera un deterioro considerable en la salud mental. Una de las consecuencias más habituales es el síndrome de burnout, por el exceso de trabajo y el agotamiento. Además, se ha asociado con depresión y ansiedad (Shanafelt, 2022; Vilchez-Cornejo, 2023).

¿Por qué aparece el síndrome del impostor?
Baja autoestima
Al tener una visión negativa de sí mismo hay mayor probabilidad de sentir que no se merece el éxito, aunque no todas las personas con baja autoestima experimentan síndrome del impostor. Por eso, fortalecer la relación contigo mismo pesa tanto en el manejo.
No recibir de forma asertiva las críticas
La presión constante por la perfección y el miedo al juicio, el rechazo o la humillación pueden llevar a magnificar las críticas y minimizar los elogios recibidos. La diferencia está en aceptar que todos cometemos errores y aprender a que un error no borre lo que sí has logrado.
Presión social
El riesgo aumenta si en el ámbito laboral donde te desenvuelves hay mucha competitividad. Por ejemplo, se ha encontrado que en programas de posgrado académico, como los doctorados, se presenta con frecuencia, así como en trabajos con comparación constante o diferencias marcadas entre colegas por la presión de destacar.
Ser diferente al grupo de referencia
Ser diferente en género, edad, estatus socioeconómico, raza o etnia puede incrementar el riesgo, por lo que el síndrome del impostor suele ser más común en mujeres y grupos minorizados.
Incluso que haya diferencias salariales puede generar duda sobre el propio desempeño, aunque se tengan las habilidades y la experiencia necesarias. Es crucial cuestionar y desafiar esas creencias y reconocer el impacto que han tenido en tu historia.
Redes sociales
El acceso constante a los logros de otras personas puede afectar la confianza y la autoestima al compararte. Sé curioso sobre las trayectorias de quienes admiras: casi siempre hay esfuerzo y tropiezos detrás del éxito.
Infancia y estilo de crianza
La necesidad de reconocimiento y validación es una necesidad humana. Cuando no se satisface en edades tempranas, puede desencadenar inseguridad y dudas sobre la propia valía y capacidades. Además, la sobreprotección o el exceso de control pueden generar la sensación de no contar con suficiente libertad o confianza.
También, frases como “tu hermana es mejor”, “eso cualquiera lo hace” o, por el contrario, “eres el más inteligente de la familia, no puedes fallar”, pueden aumentar el riesgo con el tiempo.
Dudar no siempre es síndrome del impostor
Una de las creencias asociadas al síndrome del impostor es pensar que está mal dudar, que tenemos que estar siempre seguros de nosotros mismos, o incluso pensar que siempre hacemos todo bien. Y no se trata de eso. Tener dudas no significa tener síndrome del impostor.
Es normal y de hecho saludable, sentir ciertos niveles de nervios, inseguridad o presión al enfrentarte a un reto. Esta duda puede motivarte a prepararte, seguir aprendiendo, mostrar apertura a no saber ciertas cosas o mejorar algunas habilidades.
Por eso, una de las claves para manejarlo está en cómo interpretas esa duda. El problema no es sentirla, sino cuando te paraliza o te impide disfrutar tus logros. El objetivo es contrastar tus pensamientos con los hechos, para poder reconocer tanto tus errores como tus aciertos.
¿Cómo tratar el síndrome del impostor?
Si te has identificado con la mayoría de lo que hemos descrito, y sientes que estas señales han influido en decisiones importantes o en tu forma de desenvolverte en el trabajo, tus relaciones o tus pasatiempos, es momento de prestarle atención y pedir ayuda. Lo mismo si notas síntomas constantes de ansiedad o depresión.
En estos casos, es importante que te permitas expresarte y compartir lo que sientes con algún mentor, o buscar ayuda profesional. La terapia psicológica puede ayudarte a identificar la raíz de estas creencias y a construir una visión más realista y compasiva de ti mismo.
Aun así, algunas herramientas que puedes practicar son:
Aceptar tus emociones y pensamientos
Es normal que en momentos en que te enfrentes a retos vuelvan a llegar a ti estas sensaciones (tal vez es la forma en la que aprendiste a lidiar con esas situaciones).
Practica herramientas de conciencia plena o mindfulness para ponerte en la postura de observador sin juicios, de manera que seas tú quien elige qué hacer con la sensación, y no la sensación la que decida por ti. Esto te ayudará a tener una visión más realista y centrar tu atención en los hechos.
Autocompasión
Es válido que tengas esas sensaciones, posiblemente por tu historia y por factores sociales y culturales, pero eso no significa que el contenido de tus pensamientos sea real. Sé amable contigo mismo, acompáñate como acompañarías a alguien que amas. Está comprobado que la autocompasión reduce los sentimientos de vergüenza y culpa.
Fortalece tu validación interna
Celebra cada paso que te acerca a lo que deseas y cuando te den cumplidos, no los subestimes. Ver tus logros puede ser más motivante que el ciclo de la autocrítica. Sé justo contigo e identifica qué aspectos tuyos influyeron en los resultados que tienes (claro que hay variables externas, pero también influye mucho cómo afrontas las situaciones; es un balance entre ambas).
Exponte de forma progresiva a equivocarte
Con el objetivo de ir aumentando tu tolerancia a la incomodidad o a la frustración: dedica menos tiempo del habitual a alguna tarea, permítete experimentar con algún hobby sin la exigencia de que termine con una determinada expectativa, permítete ser novato y aprender.
Reconoce que no debes saberlo todo ni hacer todo bien
Somos eternos aprendices. Toma una postura abierta a seguir aprendiendo; al fin de cuentas, cada error es un aprendizaje, y entre más te equivoques, más experto te vuelves. Enfocarte solo en el éxito o el fracaso suele paralizarte más e impedirte crecer.
No es un camino lineal, pero cada vez que practiques estas herramientas, le enseñas a tu mente que es seguro confiar en ti.
Mereces vivir tu éxito sin culpa y sin miedo.
Preguntas frecuentes sobre el síndrome del impostor
¿El síndrome del impostor es una enfermedad mental?
No. El síndrome del impostor no es un diagnóstico clínico ni aparece en manuales como el DSM-5 o la CIE-11. Es un patrón de pensamientos y emociones que, sostenido en el tiempo, puede aumentar el riesgo de ansiedad, depresión o burnout, pero en sí mismo no se considera un trastorno.
¿A quién afecta más el síndrome del impostor?
Puede aparecer en cualquier persona, aunque se observa con más frecuencia en mujeres, en quienes tienen un alto nivel de estudios o cargos de responsabilidad, y en personas que pertenecen a grupos minorizados o se sienten diferentes a su entorno. Los ambientes muy competitivos, como el mundo académico o ciertos trabajos, también aumentan la probabilidad.
¿Se puede eliminar por completo el síndrome del impostor?
Más que eliminarlo, la meta es aprender a manejarlo. Sentir dudas o nervios ante un reto es normal e incluso útil; el problema aparece cuando esas dudas te paralizan o te impiden disfrutar lo que has logrado. Con práctica, esas sensaciones pierden fuerza y dejan de decidir por ti.
¿Cuánto tiempo se tarda en superar el síndrome del impostor?
No hay un plazo fijo. Depende de tu historia, de los factores que lo alimentan y del acompañamiento que tengas. No es un proceso lineal, pero cada vez que contrastas tus pensamientos con los hechos y te tratas con más compasión, refuerzas la confianza en ti.
¿La terapia ayuda con el síndrome del impostor?
Sí. La terapia psicológica ayuda a identificar de dónde vienen estas creencias, a cuestionarlas y a construir una visión más realista y amable de ti. Es especialmente recomendable cuando notas síntomas persistentes de ansiedad o depresión, o cuando el síndrome del impostor empieza a condicionar tus decisiones, tu trabajo o tus relaciones.
Redactado por:
Psic. Lucía Guerrero | Psicóloga clínica en CuidadosaMENTE
Referencias:
Batista-Toledo, S., & Gavilan, D. (2026). Does AI foster imposter feelings? The impact of task design on students’ use of AI. Education and Information Technologies, 31(7), 2123–2143. https://doi.org/10.1007/s10639-025-13883-0
Clance, P. R., & Imes, S. A. (1978). The imposter phenomenon in high achieving women: Dynamics and therapeutic intervention. Psychotherapy: Theory, Research & Practice, 15(3), 241–247. https://doi.org/10.1037/h0086006
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Vílchez-Cornejo, J., Romani, L., Chávez-Bustamante, S. G., Tipismana Barbarán, M. A., Quiroz-Quezada, J. L., Quito-Calle, J. V., et al. (2023). Síndrome del impostor y sus factores asociados en estudiantes de Medicina de seis facultades peruanas. Revista Colombiana de Psiquiatría, 52(2), 113–120. https://doi.org/10.1016/j.rcp.2021.04.011