Este es un momento para detenerte. No para hacer propósitos perfectos ni para decidir quién vas a ser a partir de ahora, sino para permitirte llegar a este nuevo ciclo con todo lo que traes contigo. Recibir el año no siempre se siente como esperanza, también puede traer cansancio, confusión o una mezcla difícil de nombrar. Y eso también es válido.
Tómate unos instantes para reconocer cómo llegas hoy. Tal vez hay alivio porque algo terminó, miedo por lo que viene, expectativas externas rondando tu mente, recordándote lo que “deberías” haber logrado o definido ya. Esta meditación para recibir el año no busca cambiar nada de eso, solo crear un espacio seguro donde puedas observarlo sin juicio.
¿Qué emociones solemos experimentar?
Al inicio de un nuevo año, es común experimentar emociones contradictorias. Por un lado, la idea de comenzar de nuevo puede traer ilusión o curiosidad. Por otro, podemos sentir ansiedad, presión o una sensación de estar “atrasado” en la vida. Muchas personas sienten culpa por no tener propósitos claros, por no saber qué quieren o por no sentirse motivadas cuando parece que todo el mundo sí lo está.
También puede aparecer tristeza por lo que no se logró, enojo por las decisiones tomadas o incluso una especie de vacío. Ninguna de estas emociones significa que estés fallando. Son respuestas humanas a los cierres, a los cambios y a la narrativa social que rodea el inicio de año. En esta meditación para recibir el año, no necesitas corregir lo que sientes, solo reconocerlo ya es un acto de honestidad y cuidado.
Permítete respirar con cada emoción que aparezca. No tienes que entenderla del todo ni darle una explicación inmediata. Con tan solo sentir ya es más que suficiente.
La autoexigencia al iniciar el año
El comienzo del año suele venir acompañado de una lista silenciosa de exigencias: tener metas claras, sentir entusiasmo, “aprovechar” el tiempo desde el primer día. Esta autoexigencia puede ser pesada y desgastante, especialmente cuando vienes de un periodo difícil o simplemente estás cansado.
Tal vez te dices que deberías estar agradecido, motivado o listo para dar lo mejor de ti. También puedes comparar tu proceso con el de otras personas y concluyes que algo te falta. En este espacio, te invitamos a soltar, aunque sea un poco, esa voz que te presiona. No necesitas demostrar nada para merecer un inicio tranquilo.
Recibir el año no implica tener respuestas, planes claros o una versión mejorada de ti mismo. Implica estar presente, reconocer tus límites y permitir que el camino se vaya mostrando con el tiempo. La claridad no siempre llega desde el día 1, a veces llega despacio, cuando dejamos de empujarnos.