MEDITACIONES

Tu primera meditación (no necesitas experiencia)

Tu primera meditación no tiene que ser una experiencia extraordinaria ni dejar tu mente en blanco. Si alguna vez has pensado que meditar es demasiado difícil porque no puedes dejar de pensar, respira: no necesitas experiencia, solo darte unos minutos para estar contigo y prestar atención al momento presente.

Meditar no es dejar de pensar (aunque tu mente no pare de hablar)

Seamos honestos: nuestra mente puede ser un caos. Estás intentando descansar y de repente, recuerdas algo que dijiste hace tres años, empiezas a pensar en todo lo que tienes pendiente o te preguntas qué vas a comer mañana. Y justo cuando intentas meditar, parece que aparecen mil pensamientos más, ¿te suena? 

Esto es completamente normal. El cerebro está acostumbrado a pensar, anticipar, recordar y resolver problemas. Por eso, pedirle que se quede en silencio de un momento a otro puede sentirse casi imposible.

Pero aquí viene lo importante: meditar no significa dejar de pensar, sino aprender a prestar atención a lo que está pasando ahora, sin engancharte con cada pensamiento que aparece.

Imagina que tus pensamientos son autos que pasan por una avenida. No necesitas detenerlos ni perseguirlos para saber que están ahí. Puedes observarlos y dejar que sigan su camino mientras tú vuelves a poner atención en tu respiración, en las sensaciones de tu cuerpo o en los sonidos que te rodean.

Y sí, tu mente se va a distraer. Probablemente muchas veces. La práctica consiste en darte cuenta de que te distrajiste y regresar con calma a lo que estabas haciendo. Sin regañarte, sin frustrarte y sin pensar que lo estás haciendo mal.

De hecho, cada vez que notas que tu atención se fue y decides volver al presente, estás practicando meditación. No necesitas hacerlo perfecto para que tenga sentido.

¿Cómo empezar a meditar si nunca lo he hecho?

No necesitas un cojín especial, música relajante, velas aromáticas ni convertir tu habitación en un santuario. Puedes meditar sentado en tu cama, en una silla o en cualquier lugar donde te sientas cómodo y tengas unos minutos para ti.

Si estás empezando, prueba con algo sencillo: lleva tu atención a tu respiración. Nota cómo entra y sale el aire, cómo se mueve tu pecho o cómo se siente tu abdomen al respirar. No tienes que respirar de una forma específica ni intentar controlar cada inhalación. Solo observa lo que está pasando.

Al principio, unos cuantos minutos son suficientes. No necesitas empezar con sesiones largas ni obligarte a meditar todos los días durante media hora. Puedes comenzar con cinco minutos y encontrar poco a poco el ritmo que mejor te funcione.

Con la práctica, la meditación puede ayudarte a reconocer mejor tus pensamientos y emociones, notar cuándo estás viviendo en automático y darte una pausa antes de reaccionar ante lo que sucede. No hará que desaparezcan tus preocupaciones, pero puede ayudarte a relacionarte con ellas de una manera diferente.

Y recuerda: habrá días en los que te resulte más fácil concentrarte y otros en los que tu mente parezca tener veinte pestañas abiertas al mismo tiempo. Ambas experiencias forman parte del proceso.

No tienes que saber meditar antes de empezar. Justamente se trata de practicar.

Tu primera meditación puede comenzar ahora, con una respiración y unos minutos para volver al presente. 

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