Una crisis emocional es un momento en el que lo que sentimos se vuelve intenso y difícil de manejar. Puede aparecer de repente o como resultado de muchas emociones acumuladas. Esta meditación para una crisis emocional está pensada para acompañarte en esos momentos en los que lo que sientes ya no encuentra espacio para sostenerse.
¿Qué pasa durante una crisis emocional?
Durante una crisis emocional, no solo duele lo que está pasando afuera, sino también la forma en la que el cuerpo y la mente intentan protegernos. El sistema nervioso interpreta que hay una amenaza y activa mecanismos de supervivencia: luchar, huir o quedarse paralizado. Por eso, en esos momentos, pensar con claridad, tomar decisiones o “ver el lado positivo” suele ser casi imposible. Pedirle a alguien que se calme o que razone cuando está en crisis es desconocer que biológicamente, no está en un estado propicio para hacerlo.
Cuando una crisis emocional no se gestiona en el momento, no significa que desaparezca. Muchas veces lo que ocurre es que se guarda, reprime o minimiza. A corto plazo, esto puede dar la sensación de que “ya pasó” pero a largo plazo el cuerpo y la mente siguen cargando con todo eso.
Las emociones no expresadas suelen encontrar otras formas de salir: ansiedad persistente, irritabilidad, cansancio extremo, dificultad para dormir, somatizar o una sensación de desconexión emocional. No atender una crisis nos acostumbra a sobrevivir en tensión.
¿Cómo ayuda esta meditación?
Esta meditación para una crisis emocional está pensada como ese primer sostén. No pretende eliminar la emoción hasta que desaparezca, sino es como un ancla cuando todo parece inestable.
A través de la respiración, atención al cuerpo y un ritmo pausado, esta práctica ayuda a enviarle al sistema nervioso un mensaje distinto: en este momento, estás a salvo. Poco a poco, el cuerpo puede soltar parte de la tensión, la respiración se vuelve estable y la mente deja de estar en constante alerta.
La meditación te acompaña a quedarte contigo sin exigencias. No tienes que “hacerlo bien”, ni sentirte mejor de inmediato. Incluso si la emoción sigue ahí, el simple hecho de no atravesarla solo, de darle un espacio amable, ya es una forma de cuidado. Este espacio permite que la crisis no se convierta en algo aún más grande por luchar contra ella. En lugar de resistir, se trata de sostener.